Australia prohibió las redes a los menores de 16. Lo que ha cambiado no es el uso: es la visibilidad

Logos reales de Instagram, TikTok, YouTube y Facebook sobre una barrera naranja, con los mismos iconos difuminados debajo

El 10 de diciembre de 2025 Australia se convirtió en el primer país del mundo en prohibir que los menores de 16 años tengan cuenta en redes sociales. En los dos primeros días se cerraron más de 4,7 millones de cuentas, según los datos recogidos por ABC News en enero de 2026. La cifra dio la vuelta al mundo.

El 31 de julio de 2026, ocho meses después, el regulador encargado de aplicar esa ley publicó su primera evaluación. El 81,5% de los menores australianos sigue usando al menos una plataforma restringida. Antes de la ley eran el 85,9%. Cuatro puntos y medio de diferencia.

Ese es el dato que ha circulado. Hay otro que casi nadie ha contado: el porcentaje de padres que no sabía que su hijo usaba redes sociales pasó del 23% al 33%. Diez puntos más de adolescentes fuera del radar de sus propios padres.

La primera cifra es un problema de política pública. La segunda es un problema de marketing, y no tiene nada que ver con los menores.

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Lo esencial

  • Qué pasó: eSafety, el regulador australiano, publicó el 31 de julio de 2026 la primera evaluación de la prohibición de redes sociales a menores de 16 años. El uso bajó del 85,9% al 81,5% y la frecuencia diaria apenas se movió, de alrededor del 60% a cerca del 58%.
  • Por qué importa: lo que sí se movió con fuerza fue la visibilidad. Los padres que no sabían que sus hijos usaban redes pasaron del 23% al 33%, y el consumo se desplazó a mensajería y videojuegos, dos categorías que la ley deja fuera.
  • La lección: cuando se cierra un canal, la audiencia no desaparece, se muda a sitios que no devuelven datos. Lo primero que pierde una marca no es el público: es la capacidad de verlo.

Qué dice exactamente el informe australiano

La ley australiana de edad mínima en redes sociales entró en vigor el 10 de diciembre de 2025 y obliga a las plataformas a tomar «pasos razonables» para impedir que los menores de 16 años tengan cuenta. Afecta a Instagram, Facebook, Threads, X, Snapchat, TikTok, YouTube, Reddit, Twitch y Kick. No sanciona ni a los menores ni a sus familias: las multas, de hasta 49,5 millones de dólares australianos, recaen solo sobre las plataformas.

El informe se titula Early days, early insights y lo publicó el 31 de julio de 2026 la eSafety Commissioner, la reguladora australiana de seguridad en internet. Compara datos recogidos en noviembre y diciembre de 2025, antes de la ley, con datos de marzo y abril de 2026, tres meses después. Es la primera entrega de una evaluación prevista para dos años, así que es una foto temprana, no un veredicto.

Lo que no ha funcionado

  • El 81,5% de los menores de 16 seguía usando al menos una plataforma restringida, frente al 85,9% previo.
  • El uso diario apenas se movió: en torno al 58%, frente a cerca del 60% antes de la ley.
  • Alrededor de la mitad de los que conservaron su cuenta dijo que la plataforma no le comprobó la edad en ningún momento.
  • No hubo cambios apreciables en deporte, música, tiempo con amigos o asistencia a actividades de la comunidad, que era el objetivo declarado de la norma.
  • Subió el uso de mensajería y de videojuegos, dos categorías excluidas de la ley, según reconoció la propia comisionada en la comisión parlamentaria de agosto de 2026.

Lo que sí ha funcionado

  • La sensación de estar perdiéndose algo por no tener redes cayó del 43,3% al 36,3%, una diferencia estadísticamente significativa.
  • El número de menores con cuenta abierta bajó alrededor de un 20%.
  • Los padres declaran menos presión y perciben el uso de redes como algo menos habitual en el grupo de amigos de sus hijos.

Los dos bloques son reales y hay que sostener los dos a la vez. Quien cite solo el primero está haciendo campaña. Quien cite solo el segundo, también.

Informativo de 9 News Australia sobre por que la prohibicion de redes a menores de 16 no esta funcionando
Vídeo: 9 News Australia en YouTube. Por qué la prohibición no está sacando a los menores de las redes.

Por qué esto importa al marketing, aunque tu marca no se dirija a menores

Conviene dejar una cosa clara antes de seguir: la lección de Australia no es cómo seguir llegando a los menores esquivando una ley. Eso ni es interesante ni es legal. La lección es qué le pasa a la medición cuando un regulador cierra un canal, porque eso va a ocurrir en más categorías y con más públicos.

1. Cuando cierras un canal, la audiencia no se va: se muda al que no está en la lista

La ley australiana define su ámbito por lista de plataformas. Todo lo que no está en esa lista queda fuera, y ahí es exactamente donde se ha ido el consumo: mensajería, videojuegos y aplicaciones más pequeñas. No hay nada sorprendente en ello. Es lo que hace siempre una audiencia cuando le cierran una puerta y le dejan otra abierta.

Para el marketing es un patrón conocido. Es el mismo que explica que los Rolling Stones cedieran su logo a quince creadores de Roblox en lugar de comprar más alcance en el feed: el público joven ya vivía a caballo entre redes, juegos y grupos privados, como analizamos en el caso de los Rolling Stones en Roblox. La ley no ha creado ese desplazamiento. Lo ha acelerado.

2. La medición cae antes que la audiencia

El dato de los padres que no saben qué usan sus hijos, del 23% al 33%, es un indicador de visibilidad, no de uso. Y es el que más se ha movido: diez puntos en tres meses, mientras el uso real se movía cuatro. En Australia el efecto medible de la ley no ha sido apagar el consumo, ha sido esconderlo.

Traducido a un panel de marketing: tus informes miden plataformas, no personas. Cuando una audiencia se traslada a un sitio que no reporta, el panel no dice «se han ido a otro lado». Dice «ha bajado el alcance». Y la decisión que se toma con esa lectura suele ser la peor de las posibles, que es meter más presupuesto en el canal que sigue reportando porque es el único que puedes defender en una reunión.

El sesgo tiene nombre y lo recogemos en el glosario de marketing de TMT: se optimiza lo que se puede atribuir, no lo que funciona.

3. La verificación de edad va a crear una capa de identidad que hoy no existe

Australia escribió su ley con un límite deliberado: las plataformas no pueden exigir solo un documento de identidad, tienen que ofrecer alternativas menos precisas. El propio diseño legal renunció a la verificación fuerte para proteger la privacidad, y eso explica buena parte de ese 81,5%.

La Unión Europea ha ido por otro camino. Su solución común de verificación de edad, conocida como mini wallet, está disponible desde el 15 de abril de 2026, se apoya en las mismas especificaciones técnicas que la cartera de identidad digital europea y la Comisión recomienda a los Estados miembros desplegarla antes de finales de 2026.

Y aquí entra una hipótesis, marcada como tal: si la comprobación de edad se generaliza, alguien va a acabar operando una señal de identidad verificada a gran escala. En publicidad, la identidad verificada es el dato más caro que existe. Una norma pensada para poner límites a las plataformas puede terminar entregando, a ellas o a quien gestione esa capa, una señal mejor de la que tenían. Todavía no está pasando. Es el escenario que hay que vigilar.

Mientras tanto, la vía australiana es subir la presión. Cinco plataformas (Facebook, Instagram, Snapchat, TikTok y YouTube) están bajo investigación desde marzo de 2026 y el Gobierno anunció en junio que duplicará el importe máximo de las multas. El análisis más incómodo lo firmó ABC el 17 de agosto de 2026: el Gobierno llamó «tiburones» a las tecnológicas y luego les dejó a ellas diseñar la red antitiburones.

Informativo de ABC News Australia sobre el endurecimiento de la ley de redes sociales para menores
Vídeo: ABC News (Australia) en YouTube. El Gobierno australiano plantea endurecer la ley para hacerla cumplir.

¿Y en España? Lo que se está tramitando

España no tiene una prohibición como la australiana. Lo que hay sobre la mesa es el proyecto de Ley Orgánica para la protección de las personas menores de edad en los entornos digitales, cuya tramitación aprobó el Congreso en septiembre de 2025. Entre sus medidas figuran elevar de 14 a 16 años la edad mínima para registrarse en redes sociales sin consentimiento parental, prohibir las cajas de recompensa a menores en videojuegos y obligar a los fabricantes de dispositivos a incorporar control parental gratuito. La ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego, afirmó el 22 de junio de 2026 que espera que la ley se apruebe en otoño. A fecha de agosto de 2026 sigue en tramitación.

La Unión Europea no ha elegido la prohibición. Su enfoque combina la aplicación del Reglamento de Servicios Digitales con una infraestructura común de comprobación de edad que permite demostrar que se supera una edad sin entregar el resto de datos personales.

Video oficial de la Comision Europea sobre la solucion europea de verificacion de edad
Vídeo: DigitalEU, canal oficial de la Comisión Europea en YouTube. Así funciona la solución europea de verificación de edad.

Para una marca que opera en España la consecuencia práctica es concreta. Si la edad de registro sube a 16, cualquier estrategia orgánica que hoy dependa del público de 14 y 15 años cambia de marco legal, y cualquier colaboración con creadores cuya audiencia sea mayoritariamente adolescente pasa a necesitar una revisión previa. No es un asunto de compliance para el año que viene. Es planificación de este trimestre.

La lección práctica: trabajar con demanda que no puedes ver

Si el patrón australiano se repite, y todo apunta a que se va a repetir en más frentes, cualquier marca va a tener una parte creciente de su demanda ocurriendo en sitios que no devuelven datos. Cuatro cosas que sí se pueden hacer con eso.

  1. Deja de tratar el tráfico directo como ruido. Cuando alguien pega un enlace en un grupo de WhatsApp, tu analítica lo registra como directo. Si el directo sube a la vez que baja el alcance de un canal, no es que la gente te esté buscando más: es que alguien te está recomendando donde tú no miras.
  2. Pregunta, que sale más barato que modelar. Una casilla de «¿cómo nos has conocido?» en el checkout, con respuesta abierta, da mejor información sobre canales invisibles que tres meses de discusión sobre modelos de atribución. Y se implementa en una tarde.
  3. Diseña para que el mensaje viaje sin enlace. Un nombre que se pueda buscar, una frase que se pueda repetir de memoria, un producto que se pueda fotografiar. Todo lo que necesite un clic rastreable para funcionar deja de funcionar en cuanto la conversación se va a un grupo privado.
  4. Mide en incrementalidad, no en último clic. Apagar un canal en tres provincias durante cuatro semanas y comparar contra el resto dice más sobre su valor real que cualquier informe de plataforma. Es incómodo porque puede dejar en mal lugar al canal favorito de alguien. Ese es justamente el motivo para hacerlo.

El framework TMT: las tres capas de visibilidad

Una forma sencilla de ordenar esto es dejar de pensar en canales y empezar a pensar en capas de visibilidad. Toda audiencia se reparte entre tres.

  • Capa 1. Público observable. Lo ves, lo mides y lo optimizas. Es donde vive casi todo tu presupuesto y casi toda tu confianza. El riesgo no es que sea poco fiable, es creer que es el total.
  • Capa 2. Público desplazado. Mensajería, comunidades cerradas, videojuegos, audio, grupos de trabajo. Existe, compra e influye, pero no devuelve datos. No se gestiona con píxeles: se gestiona con producto, con encuestas y con mensajes que sobreviven fuera de la plataforma.
  • Capa 3. Público vetado. El que legalmente no puedes tratar como audiencia: menores en categorías reguladas, mercados con restricciones, sectores con límites de publicidad. No se optimiza. Se respeta y, sobre todo, se diseña el negocio para no depender de él.

Tres preguntas para auditar tu propio reparto: ¿qué porcentaje de mi demanda no puedo atribuir y está creciendo? ¿Qué haría mañana si mi mejor canal dejara de reportar? ¿Aguanta mi crecimiento si el 20% de mi audiencia se vuelve invisible?

La otra lectura: por qué no toca declarar el fracaso

Sería fácil cerrar esto con un «prohibir no sirve». No es lo que dicen los datos. Dicen que tres meses son pocos, que la primera evaluación de un plan de dos años mide sobre todo la fase de implantación y que hay señales tempranas en la dirección buscada, como esa caída de siete puntos en la sensación de estar perdiéndose algo. En la comisión parlamentaria de agosto de 2026 se apuntó que harían falta entre tres y cinco años para ver el efecto completo.

El reproche más sólido no va contra la idea, va contra el diseño. Una ley que exige «pasos razonables» y deja la definición de lo razonable en manos de las empresas a las que se acusa de causar el daño tiene un problema de arquitectura, no de ambición. Y duplicar las multas antes de haber usado las que ya existían es una respuesta política, no regulatoria.

Hay además un precedente reciente que conviene tener presente: cuando una plataforma o un regulador cambia una regla, el mercado publicitario se reorganiza entero alrededor de ella, como pasó cuando TikTok prohibió las voces de IA en sus directos de venta o cuando Nueva York obligó a los anuncios a declarar el uso de actores sintéticos. La regla nunca se queda en el sitio donde se escribió.

Qué haría TMT

  • Añadir una línea al informe mensual que no sea de plataforma: porcentaje de demanda no atribuible, medido con encuesta de origen declarado. Aunque el número sea feo. Sobre todo si es feo.
  • Hacer un inventario de dependencia por edad. Si más de un tercio de tu audiencia orgánica está por debajo de los 16, tienes un riesgo regulatorio, no una ventaja competitiva.
  • Reservar una parte del presupuesto a formatos que no dependen de que la plataforma te devuelva el dato: nombre, mensaje, producto, comunidad propia y newsletter.
  • Dejar de comprar el argumento de que un canal funciona porque reporta bien. Reportar bien y funcionar bien son dos cosas distintas, y solo una de las dos paga las nóminas.

Conclusión

El error de leer Australia como un fracaso es el mismo que el de leerla como un éxito: las dos lecturas miden lo mismo, cuántos siguen dentro. La cifra que de verdad se ha movido en ocho meses es otra, cuántos podemos ver.

Un canal que deja de reportar no es un canal que deja de existir. Australia acaba de enseñar la diferencia con datos oficiales. La pregunta que le queda a cualquier marca es cuánta parte de su demanda lleva ya un tiempo por debajo de esa línea.

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Preguntas frecuentes

¿Qué dice la ley australiana de redes sociales para menores de 16 años?

Obliga a las plataformas a tomar «pasos razonables» para impedir que los menores de 16 años tengan cuenta, con multas de hasta 49,5 millones de dólares australianos. Está en vigor desde el 10 de diciembre de 2025 y afecta a Instagram, Facebook, Threads, X, Snapchat, TikTok, YouTube, Reddit, Twitch y Kick. No sanciona ni a los menores ni a sus familias.

¿Está funcionando la prohibición de redes sociales a menores en Australia?

Por ahora, poco. Según la evaluación publicada por eSafety el 31 de julio de 2026, el 81,5% de los menores de 16 seguía usando al menos una plataforma restringida tres meses después, frente al 85,9% previo. Sí hay señales tempranas positivas, como la caída del 43,3% al 36,3% en la sensación de perderse algo por no tener redes.

¿Por qué los menores siguen usando redes pese a la prohibición?

La razón principal que recoge el informe es que las plataformas no han implantado sistemas eficaces de comprobación de edad: alrededor de la mitad de los menores que conservaron su cuenta dijo que nunca les comprobaron la edad. La propia ley impide exigir solo un documento de identidad, así que la verificación es porosa por diseño.

¿Va a haber una prohibición parecida en España?

No en los mismos términos. España tramita desde septiembre de 2025 una Ley Orgánica de protección de menores en entornos digitales que eleva de 14 a 16 años la edad de registro en redes sin consentimiento parental, entre otras medidas. El Gobierno espera aprobarla en otoño de 2026. La Unión Europea, por su parte, apuesta por la comprobación de edad y el Reglamento de Servicios Digitales, no por la prohibición.

¿Cómo afecta la verificación de edad a las marcas y a la publicidad?

De dos formas. A corto plazo, reduce el público accesible en redes en los mercados regulados y desplaza consumo a mensajería y videojuegos, que no devuelven datos de atribución. A medio plazo, si la comprobación se generaliza, crea una capa de identidad verificada que puede acabar mejorando la segmentación de quien la gestione. Lo primero ya se está midiendo; lo segundo es todavía una hipótesis.

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